Dejar de controlar todo en la enfermedad de párkinson implica saber qué cosas dependen de nosotros y qué cosas están fuera de nuestro control y es cosa de otros
En la enfermedad de párkinson es muy habitual que intentemos controlar constantemente cómo estamos, si hoy tengo más temblor, si me muevo peor, si la medicación está funcionando igual que ayer, y sin darnos cuenta entramos en una especie de vigilancia continua donde todo gira en torno a comprobar si estamos mejor o peor, y eso acaba generando más tensión, más frustración y una sensación de pérdida de control aún mayor.
Porque hay una parte de la enfermedad que no depende de nosotros, no podemos decidir cómo va a responder el cuerpo cada día, ni evitar completamente los síntomas, ni hacer que desaparezcan solo por intentarlo más fuerte, y cuanto más luchamos por controlar eso, más desgaste emocional aparece.
Soltar el control no significa rendirse ni dejar de cuidarse, significa aprender a diferenciar qué sí está en nuestra mano y qué no, porque sí depende de nosotros seguir las pautas, mantenernos activos, pedir ayuda cuando la necesitamos, adaptarnos a los cambios, pero no depende de nosotros tener un día sin síntomas o sentirnos igual todos los días.
Cuando empezamos a hacer esa distinción, dejamos de pelearnos constantemente con la enfermedad y empezamos a centrarnos en lo que sí podemos hacer aquí y ahora, invirtiendo la energía en lo que realmente ayuda, en lugar de gastarla intentando controlar lo incontrolable.








