Ser positivo en la enfermedad de párkinson genera una expectativa en la persona que muchas veces no puede cumplir, provocando más frustración y estrés diario
Cuando alguien está pasando por un momento difícil, es muy común escuchar la frase “sé positivo”. Normalmente, se dice con cariño, pero muchas veces no produce el efecto que se espera.
Pedirle a alguien que piense en positivo no hace que desaparezcan el miedo, la tristeza o el cansancio. Las emociones no se controlan a voluntad, y cuando se intenta forzarlas, suelen quedarse aún más atascadas.
Por ejemplo, cuando una persona expresa preocupación y recibe un “no le des vueltas” o un “anímate”. Sin querer, puede interpretarse como que no hay espacio para sentirse mal o que lo que siente no es válido.
Pensar en positivo no significa tapar lo que duele ni mirar hacia otro lado. Fingir que todo está bien suele generar más presión interna y más soledad emocional.
Lo que de verdad ayuda es poder expresar lo que se siente sin juicios, sentirse escuchado y acompañado. Desde ahí, con el tiempo, pueden surgir nuevas maneras de afrontar la situación.
Acompañar no consiste en empujar hacia el optimismo, sino en estar presente, incluso cuando las emociones son incómodas. Porque sentirse comprendido suele ser mucho más reparador que cualquier consejo bienintencionado.










